Procurad que los platos tengan un equilibrio en cuanto a la potencia del sabor: para ir adaptando el paladar, servir primero el plato con un sabor más suave para acabar con el más fuerte.
Evita dos platos con el mismo tipo de preparación: dos platos fritos, guisos, etc. o alimentos preparados con texturas similares.
No escojáis dos alimentos iguales para diferentes platos.
Evitad empezar y acabar la comida con el mismo ingrediente de base cómo puede ser aliñada con frutos secos de primero y de postre un músico.
No sirváis dos salsas iguales.
Cada plato tiene su propia temperatura.
Si desconocemos los gustos de los invitados, hace falta optar por servir platos sencillos con ingredientes comunes.
Las cantidades se han de ajustar a unas medidas estándares, suficientes para que los comensales queden satisfechos. Es mejor que repitan antes de que dejen comida.
La cena cuenta con un menú más ligero que las comidas. El menú de la cena puede ser más artístico o vistoso que la comida.
Las bebidas han de combinar con la comida. Una perfecta combinación te asegura el éxito.