Autor: Floti » dl. maig 15, 2006 11:19 am
HISTORIA DEL JAPONES DEL TANGA
CAPITULO PRIMERO
Érase una vez, en un país llamado Forum Tenemos Iglesia y Restaurante, que unas pobres chicas se conocieron y se hicieron muy amigas.
Cada día hablaban y se explicaban sus cosillas, hasta que un día… sin previo aviso recibieron la visita de un japonés.
Las pobres chicas se llevaron un tremendo susto, ya que el japonés no llevaba ropa… sino que solo llevaba un diminuto tanguilla.
El japonés se quedó estupefacto con las chicas. Todas eran hermosas jovencitas a punto de casarse con sus príncipes azules. Pero lo que más impresionó al japonés fue que todas estaban como histéricas haciéndose la prueba del boli.
Así que él no iba a se menos y se puso manos a la obra. Se colocó su boli debajo de la teta, pero debido a su gran delgadez el boli le resbalaba a gran velocidad. El pobre japonés desconsolado no hacia más que llorar y llorar… hasta que una de las chicas le propuso que se hiciera la prueba del boli en el cachete del culo. Y así fue. El japonés más contento que unas pascuas y con su diminuto tanguilla se colocó el boli en el cachete del culo y viendo que esté no le resbalaba decidió compensar a las chicas.
El regalo fue divino. El japonés que era un gran estilista y que poseía una peluquería propia junto con su novio que también era un gran artista de las tijeras, cortaron, dieron forma y alisaron sus preciosas melenas.
CAPITULO SEGUNDO
Pero el japonés del tanga a causa de tanto trabajo estaba exhausto y el boli que llevaba en el cachete del culo le resbalaba. Así que decidieron que su novio y él se relevarían en dicha prueba.
Al día siguiente las chicas hicieron una reunión y llegaron a la conclusión de que el japonés del tanga y su novio no podían continuar con el castigo de la prueba del boli y a votación unánime decidieron enviar a la pareja a un gimnasio para que fortalecieran sus glúteos. Y así fue. Después de rellenar la correspondiente inscripción tuvieron libre entrada al gimnasio impuesto por las dulces y maravillosas chicas.
Cuando llegó la hora, el japonés y su novio se presentaron en el gimnasio y el entrenador personal que les asignaron decidió que empezarían por una clase de fitness. Ellos todos dispuestos se sumaron a la clase, pero tremendo alboroto se organizo a consecuencia del vestuario del japonés. Los chicos y chicas que en ese momento estaban en la clase de fitness se quejaron a la dirección del gimnasio de la peculiar vestimenta del japonés ya que no podían soportar ver como su culo caído rebotaba sin parar y amenazaron con borrarse del gimnasio si el sujeto no se cubría las posaderas. Así que no le quedó más remedio al pobre japonés del tanguilla que ponerse un kimono encima. Pero él lo tenia muy claro… solo se lo pondría dentro de aquel recinto llamado gimnasio.
CAPITULO TERCERO
Pasaron los días y nuestro japonés continuaba viviendo con las chicas. Harto de trabajar durante el día y hacer ejercicio por las noches para subir sus caídos glúteos.
Las chicas para animar al japonés a seguir con su duro plan de trabajo, le prepararon una gran fiesta. Allí había toda clase de manjares: tortilla de patatas, quiche de bacón, quiche de queso, montaditos varios, embutidos ibéricos de calidad insuperable y el plato estrella de la gran merendola: tostaditas de sobrasada con huevos de codorniz.
El pobre japonés cuando entró por la puerta y vio tremenda merendola se quedó alucinado. Nunca en su vida había visto tanta comida junta… pero si allí había comida para por los menos 40 personas!!!
Pero el colmo de los colmos fue cuando reparo en las tostaditas de sobrasada con huevos de codorniz. El japonés tenia entendido que eso de “poner los huevos de codorniz” era una expresión en plan “no me sale de los huevos” ya que según su novio cada pueblo tenia unas costumbres lingüísticas diferentes.
Las chicas se quedaron atónitas. Tuvieron que explicarle al pobre japonés que los huevos de codorniz eran reales, no una simple expresión. El japonés con miedo cogió una tostadita de sobrasada y le dio un pequeño mordisquin… de golpe su cara se iluminó como una bombilla de la gran explosión de sabores que los huevos de codorniz provocaron en su paladar.
Estuvieron hasta tarde con la fiesta. Hasta que todos cayeron rendidos de tanto comer y de tanto beber pacharan de los huevos.
TO BE CONTINUED….
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